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lunes, 21 de noviembre de 2011
Artículo copiado de: http://www.aullidos.com      Autor: Javier Bort Estrada




Hay muchos adjetivos que pueden definir el cine del director, productor y escritor Tim Burton: oscuro, intimista, fantástico, excéntrico, trágico, colorista, sensible, macabro, infantil, extraño… Términos contradictorios, algunos de ellos, pero que con Burton forman una perfecta amalgama en películas con un estilo único, personal y diferente, y visualmente muy poderosas, un universo propio dentro del séptimo arte, que conjuga a la perfección clasicismo y modernidad, siendo el sucesor directo del mítico director de cine mudo Tod Browning y continuador del arte de míticos realizadores como James Whale, Fritz Lang, F.W. Murnau y Terence Fisher.

De él, el autor J. A. Gili destaca su capacidad para haber hallado la fórmula de “la poesía de lo macabro”, su mayor logro. En cambio, el crítico Antonio José Navarro afirma que su mejor cualidad es “su extraordinaria capacidad para dar textura a las imágenes, expresando así ideas y sentimientos, pensamientos y emociones que un frío guión es incapaz de comunicar. Eso es cine”. Josep Parera afirma que el cine de Tim Burton tiene una fuerte “personalidad propia” y que “apuesta por un planteamiento visual único”. Otros críticos prefieren elogiar su visión angular y su inventiva. Pero lo que está claro, es que guste o no guste, su cine nunca deja indiferente y siempre levanta pasiones. De ahí su gran trascendencia.

Hace poco, el prestigioso festival de cine de Venecia, en su 64 edición, y en reconocimiento a sus logros, le entregó un galardón por toda su carrera a Tim Burton, certificando la importancia de este gran cineasta en la historia del cine. Vamos, a continuación, a hacer un recorrido por la obra de este genial cineasta, uno de los directores con una visión más original y personal del cine actual, que con su estilo único, ha creado películas que se tienen ya por clásicos modernos, y ha sido capaz de abordar una gran cantidad de diferentes géneros cinematográficos, no sólo triunfando en todos ellos, sino dejando también su particular huella, haciendo que su estilo sea toda una referencia a seguir dentro del género fantástico, hasta el punto de que incluso el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) dedicará su primera retrospectiva al cineasta, en una exposición que se inaugurará el próximo mes de noviembre y en la que se mostrará una selección de 700 trabajos junto con un ciclo de películas realizadas por Burton.

Dicho estilo tan innovador surgió ya, a temprana edad, pues Timothy William Burton Burton, nacido el 25 de agosto de 1958, en Burbank, California, ya ejercía en la escuela de caricaturista en la escuela. Por aquel entonces era un niño introvertido y reservado, con un gran universo interior. Burton, que siempre mantuvo esa aureola de excéntrico, sería definido años después por su amigo Johnny Depp como “el inadaptado mejor adaptado que conozco”, citando palabras textuales. Según Tim Burton, “cuando creces siendo la oveja negra de la familia, o alguien a quien la gente percibe como extraño, pronto esa manera de ver el mundo se vuelve parte de tu personalidad”. Y en el cómo trasladó esta visión del mundo a su cine reside el talento de Burton.

Si en aquella época Burton ya daba muestras de talento artístico, no es de extrañar que tras ingresar en el Cal Arts Institute, los estudios Disney se fijaran en él. Por desgracia, para la Disney apenas realizó trabajos de animación secundarios en títulos como la olvidada “Tarón y el caldero mágico”. Ni siquiera tenía libertad para crear o innovar, sino que realizaba tareas técnicas. Por aquel entonces ya empezó a esbozar el Jack Skellington de “Pesadilla antes de Navidad”.

Burton no tardaría en abandonar la compañía. Su estilo oscuro simplemente no encajaba en la infantilizada y desnortada Disney de los años 80.


SUS COMIENZOS





Los primeros trabajos de renombre de Burton vendrían, curiosamente, de esa época Disney, y radican en dos cortometrajes, “Vincent” y “Frankenweenie”, en los que el realizador ya muestra los caminos que seguirá en el futuro. “Frankenweenie” (1984) es una visión infantil y Disney, con “happy end” sobre el mito de Frankenstein (demostrando el conocido interés de Burton en el cine de terror clásico), donde Victor Frankenstein es un niño, y su creación reanimada, un perro. El cortometraje (que cuenta con la presencia de Shelley Duvall, recordada como la esposa de Jack Nicholson en “El resplandor“ de Stanley Kubrick) resulta todo un festival de alusiones para sus aficionados, ya que en ella se contienen planos y elementos que utilizaría en títulos posteriores como “Sleepy Hollow” (el molino en llamas de “Frankenstein”), “Eduardo Manostijeras” (la estructura del final, idéntica), “Ed Wood” (rodar una cinta en blanco y negro a propósito para aludir a la original) y “Batman vuelve” (el travelling del zoo abandonado), aunque la cinta por sí misma no tiene demasiado interés, sin ser desdeñable. Más de 25 años después, Burton planeó convertirla en un largometraje, para aprovechar todo su potencial.



Mucho más interesante resulta “Vincent”. En este relato de 6 minutos, animado por stop-motion (en un adelanto de “Pesadilla antes de Navidad”, dentro de un estilo de animación que será uno de los pilares de la carrera del director) Burton hace un sentido homenaje a la figura del actor clásico Vincent Price (“Los crímenes del museo de cera”, “El abominable Doctor Phibes”, “House on the haunted hill 1959”, La mosca 1958”, “Historias de terror de Edgar Allan Poe“….), por el cual Burton siente una predilección especial, y admiración por sus películas de terror gótico.

Price incluso hace las veces de narrador, para ilustrar las aventuras de un personaje, un niño aficionado por su obra, que en ciertos momentos parece un émulo autobiográfico del propio director, siendo las referencias autobiográficas una constante en la filmografía de Burton.




La animación tenebrista y en ciertos momentos subrealista de la historia, junto con el final (el niño muere) fueron algunos de los detonantes del fin de la relación Burton-Disney, y motivaron que el corto quedara sin estrenar comercialmente hasta 1992, cuando obtuvo numerosos premios y honores, aunque en 1984 ya obtuvo un galardón en Canadá.

El primer largo de Tim Burton fue la onírica y subrealista “La gran aventura de Pee-Wee” (1985), un éxito más crítico que económico, y que deja entrever el estilo de este director único, así como su especial sensibilidad. Se trata de una colorista y surrealista aventura, en la cual se fijarían posteriormente múltiples directores, entre ellos, el español Javier Fesser, y que guarda múltiples conexiones con el humor británico de Mister Bean. Aunque goza de buena reputación y sobrada popularidad, no se trata de una de las mejores películas de su director. Es más, de no existir su innecesario remake de “El planeta de los simios”, bien podría etiquetársela como uno de sus títulos menos interesantes, aunque en todo caso, toda una rareza por descubrir, que gusta tanto a algunos críticos, que han llegado a describirla como “el homenaje de Tim Burton a la comedia muda”.
BITELCHUS


En 1988, Burton triunfó con la comercial “Bitelchus”, una comedia negra sobre fantasmas y el más allá, con mucha profundidad e ironía pese al tratamiento ligero de la historia, y con la que Burton reunió a su primer gran reparto: Michael Keaton (divertidísimo como el bio-exorcista que da título a la cinta), Winona Ryder, Alec Baldwin, Geena Davis...

La película cuenta las andanzas de un matrimonio joven (Baldwin y Davis) que muere en un accidente, y se convierte en una pareja de fantasmas, que debe hacer frente a una engorrosa familia, que compra la casa en la que están atrapados los espectros.




Con esta premisa, a medio camino de “El carnaval de las almas” (el accidente de coche mortal es casi idéntico) y “El fantasma de Canterville“, Burton ya da muestras de madurez creativa, al mostrar un estilo consolidado, que se manifiesta en un interés por lo excéntrico, lo poco común, lo raro, pero alejado de lo morboso, con un tema recurrente como es el de los patitos feos, una visión romántica y optimista sobre los desfavorecidos y los marginados que se muestra en la metáfora que realiza sobre sus monstruos de buen corazón y una magnífica habilidad como director de actores, consiguiendo siempre que todos sus repartos den lo mejor de sí mismos, y teniendo siempre una galería de caras recurrentes en su filmografía.

En la película, la excéntrica Lidia (Winona Ryder), resulta nuevamente el alter ego de Tim Burton. Sin embargo, el mejor personaje es el villano-antihéroe Bitelchus, personaje argumentalmente muy jugoso, ya que como un macabro cartoon, es capaz de alterar la realidad a su antojo. Su extroversión, su humor negro y su parcialmente infantil y refinada maldad anticipan al Joker de Jack Nicholson, de la siguiente película de Burton.

Visualmente, en “Bitelchus” Tim Burton sigue aquí con su línea de claroscuros habitual y sus efectos especiales stop-motion (tan “retro” y entrañables como efectivos); Musicalmente, ya cuenta con su colaborador inseparable, Danny Elfman, cuyas bandas sonoras acentúan aún más el universo “burtoniano”. Argumentalmente, inicia un camino que siguió con “La novia cadáver”, dando su particular visión del mas allá. Además, creó a un personaje icónico, Bitelchus (Beetlejuice), con juego de palabras incluído en su nombre, y que carismático, ácido (y un tanto soez), se hizo con el favor del público, tanto que el diabólico y todopoderoso Bitelchus llegó a protagonizar su propia serie de animación en TV, muy exitosa, e incluso videojuegos.




Aquí se abrió la trayectoria de productor de Burton, que produciría a continuación diversas series de animación para TV.

Recientemente se planeó una secuela de “Bitelchus”, pero el proyecto fue meramente anunciado, y es probable que o no se lleve a cabo, o que ni Burton ni Keaton participen en él, lo que reduciría drásticamente el interés del producto.


BATMAN


El éxito de "“Bitelchus” atrajo la atención de todos los productores de Hollywood sobre Burton, ya que su estilo oscuro y personal había demostrado ser rentable, lo que le otorgó la dirección de su primera superproducción, la mítica “Batman” (1989), que le confió Warner Bros.

Burton conocía el material original de los comics de Batman, aunque no era un gran fan. Su historia favorita era “La broma asesina” de Alan Moore, y ese tomo, junto con los comics originales sobre el hombre murciélago de Bob Kane, “El regreso del Señor de la Noche” de Frank Miller y la saga de 1986 “El pez sonriente” de Steve Engleheart, fueron algunos de sus referentes. Burton, al igual que en sus adaptaciones literarias, respetó y mimó el material original (solo las presiones de los productores por redondear la historia trastocaron un poco el origen del héroe), dando una adaptación perfecta y mimética, sin olvidar su estilo personal y la calidad final, buscando en todo momento la seriedad y el alejamiento del divertido y auto paródico Batman de Adam West., una película que mezclaba ciencia ficción, acción y cine negro.




Juiciosamente, el director confió el papel de Bruce Wayne, Batman, a Michael Keaton, decisión que la Warner no aprobaba (querían a un héroe de acción convencional) pero que resultó todo un acierto, pues aún hoy, Keaton es para muchos el mejor Batman, gracias a la vena introvertida y siniestra que supo darle al personaje en conjunción con un aire despistado a lo Clark Kent, y una gran vulnerabilidad. Burton vistió a Batman con una armadura que remarcaba su paranoia y su distanciamiento emocional (en palabras de Tim Burton, “la armadura es tal y como Wayne se ve a sí mismo, una imagen psicótica que le humaniza”. Así, jugó con la esquizofrenia de la dualidad entre el débil e inseguro emocionalmente Bruce Wayne y el poderoso Batman, del mismo modo que también le sacó gran jugo a la confrontación entre el extrovertido y carente de complejos y ataduras sociales Joker, y el introvertido Wayne.

El villano fue encarnado ni más ni menos que por Jack Nicholson, el actor más veces nominado y ganador del Oscar de la historia del cine, que brilló con luz propia como el genial Joker, tan señorial como diabólicamente inteligente y malvado, un personaje carismático e inolvidable, demencial hasta el subrealismo, que mimetiza a la perfección el personaje original del comic, su aspecto, su forma de hablar y su armamento.

Nicholson obtuvo nominaciones a los Globos de Oro, los Bafta (los Oscars Británicos), y los Saturn Awards (el equivalente americano del Festival de Sitges) como Mejor Actor por el papel, al que la crítica señaló unánimemente como lo mejor de la película, y que casi alcanzó el Oscar. Es más, existe la anécdota de que hubo tantas protestas cuando no fue nominado, que al año siguiente, la Academia sí nominó al también grande Al Pacino por su papel de Big Boy Caprice, el villano de la adaptación del comic Dick Tracy, el cual guardaba muchos parecidos con el Joker (gangster deforme, colorista y apayasado), pese a ser un personaje inferior. Así, Al Pacino fue el primer actor nominado al Oscar por un villano de comic. Más allá de este detalle, Jack Nicholson afirmó recientemente que “estoy orgulloso de mi interpretación del Joker. La considero una obra de arte”. Para él (y muchos), una de sus interpretaciones favoritas.

En la película también participaron la oscarizada Kim Basinger (como la fotógrafa Vicky Vale, en un personaje funcional, pero de limitado interés argumental) y el mítico Jack Palance, uno de los villanos más celebres del Hollywood de los 50 y 60, que dio vida al hipócrita gangster Carl Grissom, inspirado en el villano de comic Rupert Thorne.

Michael Gough (“Drácula 1958”, “El Fantasma de la ópera 1962”) veterano del cine de terror de la productora británica Hammer Films (admirada por Burton y una legión de cinéfilos) encarna al mayordomo Alfred Pennyworth, figura paternal de Batman, de una forma muy solvente y entrañable.

En “Batman”, Burton combinó una película de arte y ensayo con un espectáculo de primera categoría (un intento en el que fracasó años después Ang Lee con su pretencioso y soporífero “Hulk”), y arrasó las taquillas de medio mundo. Ganó 1 Oscar por su expresionista representación de Gotham (pese a ser una época en la que el cine de superhéroes no era valorado por la Academia, no como a día de hoy, que mediocridades como “Spiderman 2“ pueden llegar a alzarse con 3 estatuillas) y dejó el listón tan alto que para realizar otra película de calidad sobre el hombre murciélago sin Burton, en “Batman Begins” (2005), Christopher Nolan tuvo que cambiar totalmente el tono del relato para evitar competir con el maestro Burton. Es casi como lo ocurrido con Drácula, ya que desde Bela Lugosi, todos los actores que lo han interpretado, han intentado alejarse lo más posible de su sombra y su estilo, para no quedar eclipsados por él.




El Batman de Burton reinició la era de gloria de los superhéroes, tras el magistral Superman de Richard Donner, y confirió al personaje una aureola de prestigio que no le había dado la divertida y camp serie de TV, con Adam West.

Esta película, además, muestra la cinefilia de Tim Burton, con millares de respetuosas referencias artísticas y cinematográficas: Gotham se asemeja a la Metrópolis de Fritz Lang; el Joker de Jack Nicholson, antes de serlo, actúa como el oscarizado personaje de Richard Widmark en “El beso de la muerte”, mafioso psicópata de risa fácil e infantil; Se utiliza instrumental quirúrgico procedente de la célebre y disparatada “La tienda de los horrores“; El Joker baila irreverentemente un vals en lo alto de la catedral de Gotham como lo haría el Doctor Phibes de Vincent Price; Se utiliza la atmósfera del cine de gangsters de los años 30; se hacen respetuosas referencias a “Corto Maltés” y Salvador Dalí…. Y así, hasta el infinito: la película resulta una fiesta para los cinéfilos, así como un magnífico entretenimiento inteligente, que celebra su 20 aniversario en un momento como el actual en el que la popularidad del hombre murciélago sigue en alza, y sigue siendo una película oscura y extraña, ajena a modas, llena de violencia estilizada y humor negro, negrísimo, servido por el cruel Joker, que como un cartoon viviente, asesina sin descanso gothamitas de todas las surrealistas maneras posibles, en su vocación de artista homicida, tal y como Bob Kane (que aprobó en persona la película) lo creó hace ocho décadas. Y es que el marco atemporal de la película, que mezcla principios de siglo, el presente y el futuro, es una de las claves de la pervivencia de la cinta, junto con su calidad. Según Antonio José Navarro, en una revisión hecha en el nuevo milenio sobre la película, para la revista Imágenes, “Sigue siendo una de las mejores adaptaciones fílmicas de un superhéroe (…) Una sombría reflexión mitológica del personaje con un divertido distanciamiento irónico. Los ingredientes mágicos para hacer un cine popular de calidad”.
BATMAN VUELVE


El año 1989 fue doblemente positivo para Burton, pues al éxito profesional se le sumó el éxito personal, ya que contrajo matrimonio con la artista alemana, Lena Gieseke. Irónicamente, el matrimonio duraría tanto como la permanencia de Burton en la franquicia de Batman, ya que se divorció poco después del estreno de “Batman vuelve”. Pero no adelantemos acontecimientos.

El éxito de Batman (Batman y el tercer Indiana Jones fueron las más taquilleras de 1989) le concedió carta blanca para hacer la secuela, “Batman vuelve” (1992), en la que contó nuevamente con Keaton, además de con la múltiples veces nominada al Oscar Michelle Pfeiffer (una perfecta Catwoman, trágica, demente, impredecible, sensual y peligrosa, no como la versión de Halle Berry), Danny De Vito (el trágico y deforme Pingüino, aunque visualmente parecía más el Doctor Caligari o el Fantasma de la ópera de Lon Chaney, nuevo homenaje de Burton) y el siempre excelente Christopher Walken (Max Schreck, en homenaje a “Nosferatu”). En dicha película, Burton eliminó todo rastro de secundarios cómicos e infantilismo (impuestos por el estudio en la primera, el único defecto de dicha gran cinta), y mostró un relato barroco, oscuro, sin concesiones y vivamente expresionista con personajes desagradables, descarnados y heridos por los golpes de la vida. Viéndola, casi da la sensación de que “La parada de los monstruos” (“Freaks”, de Tod Browning), ha invadido Gotham, pues en sus dos horas de metraje asistimos a un gótico espectáculo de criaturas deformes, payasos asesinos, psicópatas y dementes, en un trama elegante y mórbida a la vez, así como deliciosamente decadente, llena de psicología, e incluso con hábiles guiños políticos. Y todo ello manteniendo la fidelidad al material original, sin quebrantar sus bases, pese a la total libertad creativa de la que gozó Burton.




También hay muchas referencias cinematográficas, y además de las ya mencionadas, y de las que comparte con la primera cinta, pues por ejemplo esta maravilla expresionista alude hasta a “El retrato de Dorian Gray”, haciendo que el corrupto Schreck (Walken) utilice como indumentaria principal un traje gris, a rallas verticales y con pajarita idéntico al que el no menos corrupto Dorian Gray llevaba en la versión de los años 40. El peinado de Max, por su parte, es como el del malvado Doctor Mabuse creado por Fritz Lang en el cine mudo. En cierto modo, podría decirse que la cinefilia y capacidad alusiva de Tim Burton es comparable a la del no menos excéntrico Quentin Tarantino.

Volviendo a “Batman vuelve”, algunos dicen que Burton se excedió en su barroquismo (perdió incluso a algunos patrocinadores la película), pues es la única cinta de Batman de los 90, no recomendable para niños, con su violencia explícita y sus múltiples alusiones sexuales, aunque lo cierto es que esta magnífica obra cualitativamente resulta ser para muchos la mejor de la saga. Fue uno de los grandes taquillazos de su año, y obtuvo un aluvión de galardones como la primera, incluyendo varias nominaciones a los Oscar.

De la cinta, más que el Pingüino o Batman, cabe decir que lo mejor resulta la Catwoman de Michelle Pfeiffer (del mismo modo que en la anterior Nicholson le robaba la película a Keaton y Basinger), que resulta ser el personaje más carismático y atormentado de un film que reúne a todo un elenco de grandes y atormentados personajes. Tal fue el éxito que no solo se alteró el final de la cinta poco antes del estreno, para insinuar la supervivencia del personaje, sino que Pfeiffer estuvo a punto de protagonizar su propia película de Catwoman, la cual acabó plasmándose en la mediocridad estrenada a principios del nuevo milenio, sin la participación de Burton o Pfeiffer.





EDUARDO MANOSTIJERAS


Más dulce fue, en cambio, la entrañable “Eduardo Manostijeras” (1990), filmada entre Batman y Batman, que inició en puridad la carrera del camaleónico Johnny Depp (el actor fetiche de Burton, visto previamente en papeles breves como el que tuvo en la mítica “Pesadilla en Elm Street“).

“Eduardo Manostijeras” es un magnífico cuento de hadas a prueba de cínicos, capaz de tocar la fibra sensible incluso al más reacio espectador, y que encierra una fuerte crítica social, un canto a la tolerancia y un nuevo homenaje a Frankenstein y a Vincent Price, siendo otra muestra de que el realismo mágico de Tim Burton puede crear títulos de interés para todo el público y no solo para los aficionados al cine fantástico.




Cuenta la historia de un anciano inventor, encarnado por Vincent Price en un rol que más que un papel es un homenaje, que decide crear un ser vivo a partir de elementos mecánicos, pero que muere antes de concluir su obra, dejando inacabado y solo a Eduardo Manostijeras, hasta que es descubierto por una vendedora de Avón (Dianne Wiest) y llevado con su familia. A partir de ahí, asistimos a una compleja y muy elaborada sátira social, cuando se nos muestra la reacción del vecindario ante la presencia de nuestro desventurado héroe, que encontrará el amor en la chica encarnada por Winona Ryder (en un muy destacable papel, aunque tenga menos posibilidades de lucimiento interpretativo que en Bitelchus), en una historia en la que al final asoman incluso elementos de terror, y de impactante final. La moraleja al final indica que el monstruo no es Eduardo, pese a su aspecto y sus manos, dada su ingenua y pura visión del mundo, sino los habitantes del pueblo, que son los que con sus acciones malintencionadas y recelos acabarán desatando la tragedia.

Johnny Depp conquistó un estrellato bien merecido con la película, estrellato que aún retiene con fuerza, en una sólida carrera con algunos altibajos. Depp, cuya carrera estuvo muy marcada por este título y su amistad con Burton afirma que después de esta película “todos sus personajes tuvieron algo de alma en pena”. Para Tim Burton, lo bueno de Johnny Depp es “su capacidad de arriesgarse y superar en cada ocasión las expectativas que uno tiene de él”. Para Depp, “desde la primera vez que nos encontramos en un pequeño café de Los Ángeles, hubo entre los dos una conexión instantánea a muchos niveles, comenzando por su extraña fascinación por lo absurdo”.

Si el estrellato de Depp realmente comenzó con esta brillante caracterización, lo cierto es que su gran actuación estuvo enmarcada por unos magníficos efectos especiales y de maquillaje. Las cicatrices en el rostro de Eduardo (igual que los costurones del traje de la Catwoman de “Batman vuelve” o que la piel hecha de retales de la Sally de “Pesadilla antes de Navidad”) son un tema recurrente de Burton, y muestran la vulnerabilidad y confusión del personaje.

Por cierto, que Eduardo, sin tijeras en las manos, con su atuendo negro, su piel pálida y su pelo negro, corto y revuelto, sería un émulo exacto del no menos trágico Cesare, el personaje de Conrad Veidt en “El gabinete del Doctor Caligari”.




Toda una joyita, pues, con una magnífica y memorable banda sonora de Danny Elfman, como siempre, y escenas de gran belleza plástica, como aquellas en las que Eduardo Manostijeras talla esculturas vegetales o de hielo, y la nieve que acompaña a éstas, o la cadena de montaje que crea a Eduardo (semejante, aunque con una intencionalidad muy diferente a los mecanismos que vemos en los títulos de crédito de “Sweeney Todd”) o los claroscuros de la gótica mansión donde Eduardo se oculta, y que recuerda a la morada del también solitario Batman, aunque medio derruida. Y es que estéticamente resulta una maravilla, especialmente en el contraste entre la oscura residencia de Eduardo y las coloristas casas del pueblo al que va a residir, en un contraste que llega hasta lo metafórico, ya que este mundo aparentemente tan luminoso encierra más hipocresía y engaño del que Eduardo estará dispuesto a digerir. De ahí su tragedia, y de ahí la gloria de la cinta, este bienintencionado Frankenstein con manos de tijera.

Posiblemente, la mejor obra de Tim Burton, y la que reúne la quintaesencia de su estilo. Una película que siempre estará de actualidad.

Además, en palabras de Johnny Depp, el sensible, introvertido y creativo Eduardo Manostijeras “representa al propio Tim Burton. Es Tim”.


La película que Burton rechazó dirigir, a continuación, por problemas de agenda, fue el remake de “La familia Addams” (mítica serie de TV de los 60 con la nominada al Oscar Carolyn Jones, y John Astin en los papeles del monstruoso, psicótico y excéntrico matrimonio Addams). El proyecto quedó en manos de Barry Sonnenfeld, que no defraudó, pero nos dejó para siempre con la duda de cual habría sido el resultado de Burton. La protagonizaron Anjelica Huston, Raúl Juliá, Christopher Lloyd y Christina Ricci.

Paralelamente, Tim Burton tuvo un cameo en “Hoffa”, acompañado de sus “colegas gothamitas” Jack Nicholson y Danny De Vito.
ED WOOD


En 1994, Tim realizó “Ed Wood”, nuevamente con Depp como el entusiasta pero negado realizador protagonista, y otra legión de estrellas, como Martin Landau (que estuvo a punto de hacer de gangster en “Batman“), Bill Murray, y Patricia Arquette, y en la cual narró la vida de Edward D. Wood Jr. (el peor director de la historia del cine, pero una persona con una voluntad firme y un optimismo a prueba de bomba) y del gran Bela Lugosi (al que reivindicó en dicha película, con una fuerza tal, que solo con este acto de respeto y buen gusto, Burton ya merecería un hueco en el panteón de los grandes, y es que hasta la más mínima línea de diálogo de, o sobre Lugosi, que aparece en la película, parece un homenaje), todo ello pasado por un filtro de comedia y autoparodia, así como de respeto al original de Wood (se mimó el detalle para que incluso los decorados fueran idénticos) y que llegó a los Oscar, no por aspectos técnicos, como en “Batman” (en la que se desatendieron las múltiples voces de críticos y espectadores que pedían un Oscar para Nicholson, como se ha dicho), sino ya en categorías artísticas (Martin Landau consiguió incluso la estatuilla por su triste y memorable visión del legendario Lugosi). Así, “Ed Wood”, que conjuga drama y humor a partes iguales, resulta otro de los grandes hitos de la carrera de Burton, con una gran banda sonora de thelemin de Danny Elfman, que homenajea al cine de terror de los años 50.




El éxito de la cinta fue tan grande que hasta fue nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes como mejor película, un honor al que pocos pueden aspirar, y que Burton ha saboreado.


PESADILLA ANTES DE NAVIDAD Y OTRAS CINTAS DE ANIMACIÓN


Paralelamente, Burton no descuidó la animación, dejándonos clásicos, en su faceta de productor, como “Pesadilla antes de Navidad”, película con la que se reconcilió con Disney, y de gran influencia visual, y cintas un tanto inferiores de estilo semejante, tales como “James y el melocotón gigante” o, la muy superior a la anterior “La novia cadáver” (codirigida por Burton), con referencias cruzadas a Pesadilla y Bitelchus, y que espiritualmente (no argumentalmente) resulta la secuela de “Pesadilla antes de Navidad“.

En todas ellas, los puntos clave son el tenebrismo, su peculiar animación y su excelente banda sonora.

En concreto, en “Pesadilla antes de Navidad”, Burton plasmó un proyecto que llevaba preparando desde su etapa Disney (donde fue rechazado), ya que escribió el guión, creó a los personajes, la produjo, y se involucró tanto que Henry Selick afirma en entrevistas que Burton hizo las veces de director en la sombra.




La película narra la historia del esqueleto Jack Skellington, que vive en un mundo donde siempre es Halloween, y que un día decide celebrar la Navidad, para sorpresa de sus conciudadanos. El personaje recibe la voz de Danny Elfman para las canciones y de Chris Sarandon (grande en su papel de vampiro de “Noche de miedo”, y habitual del cine de terror, protagonista de grandes películas como “El muñeco diabólico” y “La centinela) para los diálogos.

Nuevamente, es una película de gran sensibilidad, estéticamente brillante, muy gótica, y destinada a convertirse en película de culto casi de inmediato, que ha ganado mucho peso con los años, y que incluso tuvo el honor de ser reestrenada en cines una década después.

La película fue tildada de demasiado macabra en el momento de su estreno, así como de nada infantil.

Sobre “James y el melocotón gigante”, cinta meramente correcta, poco hay que decir, a diferencia de “La novia cadáver” (protagonizada por las voces de Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Albert Finney, Christopher Lee y Michael Gough), mucho más destacable, y que se permite incluso un homenaje al gran Peter Lorre (“M, el vampiro de Düsseldorf”), ya que el gusano que habita en la cabeza de la finada protagonista tiene la cara y una voz muy semejante a la del actor europeo. Según Tim Burton, Peter Lorre “aún interpretando un monstruo, siempre le agregaba un toque de humanidad, unas emociones que se le notaban en el rostro y que venían de un lugar muy profundo”. Esta característica está en casi todos los villanos y monstruos de Tim Burton (salvo algunos pocos como el Joker, cuya maldad extrema, refinada y sin paliativos, más bien se asemeja a la de Bela Lugosi o Vincent Price en el cine), y habiendo recibido tanta inspiración de Lorre, Burton consideró más que justo un homenaje directo.




La película fue nominada a los Oscar como mejor película de animación de su año, y es otro canto a la tolerancia y contra la hipocresía.

En 2009 produjo “Los mundos de Coraline”, acertada y macabra película que se adentra en los terrores infantiles de nuevo, y su éxito demostró no solo que la sociedad Burton-Selick tiene mucho futuro, sino que también veremos muchas más películas de animación producidas por Burton en el futuro (Como la futurista “9“), ya que es un género en el que destaca fuertemente.

De “Los mundos de Coraline” hay que destacar la acertada alusión consistente en el nombre de la protagonista, Coraline Jones, que señala a la actriz de terror clásica Carolyn Jones, nominada al Oscar y al Globo de Oro, antes mencionada, y de larga y próspera carrera en cine y TV (“La familia Addams 1964”, “Los crímenes del museo de cera”, ….).
MARS ATTACKS, SLEEPY HOLLOW Y VARIOS PROYECTOS INCONCLUSOS


Después de 1992, Burton se desvinculó de la saga de Batman (aunque produjo la excelente serie de animación de Batman de los 90) y la calidad de la franquicia descendió. Se reservó el papel de productor en “Batman Forever” y no participó en “Batman & Robin”. Así, en la tercera entrega, apenas pudo participar (existen storyboards y diseños conceptuales de su versión del Acertijo, que no fueron utilizados), y de la cuarta se desentendió totalmente (pese a lo maravilloso que habría quedado el trágico villano Mister Frío en manos de Burton), invadiendo el humor la saga. La ausencia de Burton en la cuarta entrega motivó que la nominada al Oscar Sharon Stone rechazara el papel de Hiedra Venenosa (que hubiera interpretado perfectamente y para el que parece ser que el propio Schwarzenegger, que ya compartió escena con ella en “Desafío Total” la requería). Michael Keaton ya había abandonado el barco hacía mucho. En dicha película, los únicos conceptos supervivientes de la imagen del Batman de Burton fueron la presencia de Michael Gough y Pat Hingle como Alfred y Gordon, respectivamente.




En 1996, Tim Burton desinfló a la superproducción “Independence Day” con su hábil y superior parodia, “Mars Attacks”, una magnífica con la que miraba con nostalgia la ciencia ficción de los años 50 (“Invasores de Marte”, “Regreso a la Tierra”, “La Tierra contra los platillos volantes”), juntándola con un magnífico tono ácido digno de “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” de Stanley Kubrick (a la que incluso alude con hechos como que Jack Nicholson encarne dos personajes diferentes como Peter Sellers en aquel film). La cinta, dotada de un magnífico reparto (el citado Nicholson, Glenn Close, Pierce Brosnan, Natalie Portman, Danny De Vito, Rod Steiger, Tom Jones...) y efectos especiales únicos, entrañables y retro-futuristas, triunfó tan poderosamente en Europa como fracasó en los USA (y es que dejaba a la altura del betún a los americanos, especialmente con la brillante caracterización de Nicholson como un presidente atontado empecinado en negociar con los marcianitos pese a las evidencias, o más preocupado por mantener la recogida de la basura que en combatir la invasión, y que muere empalado por una bandera). Con tanta sátira política era imposible que los marcianitos maliciosos y cabezones de Burton triunfaran en taquilla en América. Para el recuerdo quedan imágenes como la de los marcianos jugando a los bolos con los gigantescos moais de la isla de Pascua.

Burton recuperó el favor de los americanos al adaptar uno de sus clásicos literarios, “Sleepy Hollow” de Washington Irving, con Johnny Depp (genial como siempre dando vida al excéntrico y asustadizo Ichabood Crane), Christina Ricci (memorable Miércoles Addams, aquí muy correcta), Michael Gough y de nuevo Christopher Walken (como el jinete sin cabeza, el monstruo de la película), y de atmósfera propia de las clásicas películas de terror de Hammer Films (incluso con la presencia de una de sus estrellas principales, el legendario Christopher Lee, al que Burton abordó de forma cómica, como un fan, en un restaurante, para convencerle de que apareciera en la película).

Esta cinta fue su primera película de terror “pura”, y cabe decir que pasó el examen con nota, pues la ambientación y la estética de la misma, junto con la densa atmósfera de terror que la envuelve, son dignas de los mejores títulos del género. Resulta también, ironías de la vida, mucho mejor que la descafeinada versión de Disney de la misma historia, y que motivó que ésta fuera filmada, ya que desde pequeño Tim Burton la aborrecía y pensaba que se podía hacer mucho mejor. Y vaya si lo hizo... La adaptó a su peculiar estilo, reforzó a Crane, le convirtió en un héroe (a su pesar), e incluso se permitió darse el gusto de darle su merecido a Brom Bones, que es el personaje que en la novela humilla y vence a Ichabood Crane. En la versión de Burton es interpretado (irónicamente) por Casper Van Dien, y representado como un descerebrado odioso, que acaba encontrando la muerte a manos del jinete sin cabeza.




Sin embargo, Burton mantuvo la esencia del relato original, el humor negro que destilaban sus páginas, y su terror gótico.

La belleza estética de la cinta es tal que en ocasiones parece una sucesión de excelentes postales macabras. Al igual que haría posteriormente con “Sweeney Todd”, Burton no se contuvo con la sangre, y resultan especialmente excelentes los efectos de decapitaciones.

De esta época también data su fallido intento de rodar un nuevo título de Superman, y que habría tenido como reparto a Nicolas Cage (Superman, en lo que parece una mala elección), Sandra Bullock (Lois Lane, otro error, seguramente impuesto por Warner, empeñada en recortar su creatividad), Johnny Depp (Lex Luthor, éste sí, magnífico) y Michael Keaton (Batman, en un cameo). El proyecto se canceló tras dos años de preparación y Burton cobró sus honorarios íntegros como si lo hubiera realizado, resultando uno de los grandes enigmas del cine moderno, pues frente a unos críticos que afirman que hubiera sido magnífica, otros creen que el estilo de Burton y los cambios radicales que se proponían no hubieran encajado en un personaje tan colorista como Superman. En opinión de quien esto escribe, el estilo de Burton no casa en absoluto con el personaje de Superman.

En todo caso y pese a sus muchos defectos, la calidad, en algunos aspectos, del “Superman returns” de Bryan Singer nos evita echar de menos este proyecto.


UN ACIERTO Y UN ERROR: BIG FISH Y EL PLANETA DE LOS SIMIOS


Pero todo lo que sube tiene que bajar, y Burton tropezó en su innecesario remake de “El Planeta de los simios”, que pese a su acertada estética, no llegaba a la suela de los zapatos de la original, lastrada por un mal guión y el poco carisma de su protagonista, Mark Wahlberg, experto en destrozar remakes, como hizo con el de “Charada”.




Por primera vez (y única hasta la fecha) Burton adaptó mal el material original de la novela de Pierre Boulle, dando como resultado una película demasiado Hollywoodiense, sin alma, y que carece del cinismo de la anterior versión protagonizada por Charlton Heston y Roddy McDowall, a la que no llega ni a la suela de los zapatos. Una obra sin el menor interés y que a ratos casi no parece dirigida por Burton. Solo tuvo una cosa buena para el director: durante su filmación Burton conoció a la actriz Helena Bonham Carter, con la que se casaría. Desde entonces, la actriz aparece en todas sus películas, decisión alabada por unos y criticada por otros.

Tim Burton se recuperó con la soberbia “Big Fish”, otro tierno cuento de hadas en la línea de “Eduardo Manostijeras” sobre un anciano (Albert Finney) que prefería vivir en sus propios cuentos antes que en la triste realidad. Una película que reflexiona sobre temas como la frontera entre la realidad y la ficción, o el sentido de la vida, todo ello desde una perspectiva más subrealista que en otras ocasiones, pero siempre asequible y amena. Una desfile de maravillas, donde encontramos hombres lobo, bosques tenebrosos, arañas gigantes, brujas, gigantes, siameses, ninjas, extraños circos y demás personajes excéntricos y entorno fantástico, todo al servicio de una historia perfectamente hilvanada, y de la imaginación de Burton.




Comparten cámara con Finney intérpretes tan diversos como Danny DeVito, Jessica Lange, Helena Bonham Carter o Ewan McGregor.

La película le supuso a Burton diversas nominaciones al Oscar, además de un ejército de premios internacionales tanto para él como para los integrantes de su vasto y muy completo reparto.

Ese mismo año, el 2003 nació Billy-Ray Burton, en octubre y cuyo padrino fue Johnny Depp.
EL NUEVO MILENIO: ÚLTIMOS ESTRENOS Y NUEVOS PROYECTOS


Y así, con excentricidades del calibre de “Charlie y la fábrica de chocolate”, un remake controvertido, que para algunos resultó ser mejor que el original (aunque la destacable interpretación del siempre camaleónico Depp carece del cinismo y soterrada maldad que le dio Gene Wilder a su Willy Wonka en la primera película , “Un mundo de fantasía“), y para otros inferior.

Burton adaptó a Roal Dahl, en todo caso, con acierto, y la conformidad de la familia de éste.

En esta colorista y rarísima película, Burton apostó por la excentricidad pura, aunque con un tono más suave y menos ácido de lo habitual. Resulta curioso el cómo representa a Willy Wonka como un excéntrico inmaduro, atrapado por los traumas de su infancia, que vive en su Neverland particular, la fábrica de chocolate.

El padre de Wonka es interpretado por Christopher Lee, que también viene convirtiéndose en habitual en las cintas de Tim Burton.




La película, muy exitosa en taquilla y con desigual recepción crítica (Josep Parera, que suele describir a Tim Burton de director genial, tilda en cambio a esta película de “grotesca”, otros críticos, en cambio, sí la apoyaron), y sin embargo, más allá de la división de opiniones, recibió premios hasta en Noruega, en los Amanda Awards, nominada como mejor película extranjera. En países tan diversos como Argentina, Italia o Gran Bretaña, las películas de Burton (como “La novia cadáver”, “Big Fish” o “Ed Wood”) ya habían sido nominadas como mejor película extranjera en certámenes locales, pero prestigiosos (incluso en los BAFTA) demostrando que el arte de Burton no conoce fronteras. Ha sido premiado incluso en España, por “Eduardo Manostijeras”.

A continuación, Burton prosigue en el nuevo milenio la triunfal carrera del patito feo de Hollywood, cuyo último estreno como director ha sido otro musical de terror, esta vez de imagen real y no de animación, el sangriento “Sweeney Todd” en 2007 (en el año en el que nació su segunda hija), adaptación de la obra de Stephen Sondheim, donde un Johnny Depp pálido y ojeroso hace una colosal interpretación, nominada al Oscar, del villano protagonista, respaldado por Helena Bonham Carter, Alan Rickman y Sacha Baron Cohen. De esta película (que al igual que en casi toda la filmografía de Burton, gana mucho en el segundo visionado, como el propio Burton afirma), cabe destacar su casi operístico sentido de la tragedia y sus sangrientos efectos especiales. Un buen resultado, sin ser de sus mejores cintas, y todo pese a las presiones de los productores, que llegaron incluso a cortar las escenas de Christopher Lee (el coro de los fantasmas).

Johnny Depp afirma que para perfilar a Todd se inspiró en “Lon Chaney Sr.” (“El fantasma de la ópera”), al que Tim Burton describe como “el rey del cine de terror mudo”. También en Boris Karloff y Peter Lorre. En todo caso, ciertamente no en la mediocre versión cinematográfica de los años 30 protagonizada por Tod Slaughter.

Depp define a su Todd como al mismo tiempo “una víctima y un hombre que disfruta de la revancha y la violencia”.

En palabras de Josep Parera, “un trabajo exquisito, superior al original escénico y que supone una de esas raras ocasiones en la que todas las piezas encajan a la perfección (…) Burton apuesta por el grand guignol dentro de una estética gótica y macabra que maneja con pericia”.

Otras voces criticaron la excesiva frialdad, distanciamiento emocional y pesimismo de la cinta.

Con esta película, Burton consiguió su quinta nominación como mejor director en los premios Saturn de cine fantástico y de terror, célebres en EEUU, tras “Sleepy Hollow”, “Mars Attacks”, “Batman vuelve” y “Bitelchus”.

Además obtuvo el Globo de Oro a la Mejor Película y al mejor actor.





De este modo, Tim Burton, con el reconocimiento de la crítica y el público, nos prepara para los próximos años una serie de conmovedores, siniestras y fascinantes obras, que abarcan desde su visión de “Alicia en el país de las maravillas” (Burton se atreve con una secuela de la célebre novela de Lewis Carroll), hasta una cinta de vampiros, “Dark Shadows“, ambas con su imprescindible Johnny Depp. Las noticias le vinculan incluso a una adaptación de la respetada novela de George Orwell “1984”.

Serán películas que con toda seguridad no dejarán a nadie indiferente, como nunca ha ocurrido en la filmografía de Tim Burton, el mejor creador de sueños y pesadillas del Hollywood moderno, que a buen seguro seguirá ofreciéndonos algunas de las más imaginativas películas de los próximos años.



FILMOGAFÍA COMO DIRECTOR


• Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet (2007) (Sweeney Todd)

• Charlie y la fábrica de chocolate (2005) (Charlie and the Chocolate Factory)

• La Novia Cadáver (2005) (Corpse Bride)

• Big Fish (2003) (Big Fish)

• El Planeta de los simios (2001) (Planet of the Apes)

• Sleepy Hollow (1999) (Sleepy Hollow)

• Mars Attacks! (1996) (Mars Attacks!)

• Ed Wood (1994) (Ed Wood)

• Batman vuelve (1992) (Batman Returns)

• Eduardo Manostijeras (1990) (Edward Scissorhands)

• Batman (1989) (Batman)

• Bitelchus (1988) (Beetle Juice)

• La gran aventura de Pee-Wee (1985) (Pee-wee"s Big Adventure)


BIBLIOGRAFÍA


Libros y publicaciones:

“Tim Burton por Tim Burton”, de Mark Salisbury. Editorial Alba

“Tim Burton” (Varios). Editorial Signo e Imágenes

“Los grandes directores del cine”, de J. A. Gili y otros. Ed. Robin Books / Ma Non Troppo

Revista Imágenes de Actualidad (Diversos números, pero especialmente el 196 y el 277)

Revista Fotogramas

“Jack Nicholson” (Varios). Editorial Taschen

“Johnny Depp” (Varios). Editorial Taschen

“Eduardo Manostijeras / Desayuno con Diamantes” de Jesús Paniego. Colección “Dirigido Por”.

“Batman / Duelo al sol” de Quim Casas. Colección “Dirigido Por”.

“Las películas más taquilleras de la historia del cine”, de José Luis Mena



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